Hoy no es un buen día para mí, es como si los estantes de mi vida se hubieran quedado vacíos porque alguien se haya encargado de despojarlos de todo lo que quise; algo parecido a cuando alguien, sea hombre o mujer, se encuentra un día cualquiera al llegar a casa, con que las cosas que esa mañana, al partir hacia cualquier lugar, estaban en su sitio acostumbrado, hubieran desaparecido de golpe mientras al recorrer la estancia con la mirada se encuentra con una nota de despedida cuidadosamente abandonada en un estante; es decir, con un adiós.

Al leerla, la primera reacción siempre es de asombro, de sorpresa ante lo inesperado; para pasar luego, en la mayoría de los casos, a una profunda tristeza; y piensas que en las horas que abarcan un día has pasado de la alegría al dolor, de la risa al llanto y acompañado todo de la consiguiente pregunta…….¿Porqué? Siempre pensamos que tiene que haber un porqué y casi siempre lo hay aunque nosotros no la hayamos visto, no nos hayamos apercibido de la realidad que nos rodeaba.

No es un buen día a pesar de que, en mi caso, la mudanza de lo que añoro no fue tal; no había bajo mi cobijo nada que me perteneciera, pero si había algo que quería y que se me fue, despacio eso sí, pero no dejó de ser una perdida muy sentida. Y como esos enseres que a alguien le arrebatan de repente y que echa de menos con la mirada yo te echo de menos; pero al contrario que las cosas materiales que son efímeras ( y que conste que no te estoy comparando con nada parecido) tu nunca te irás del todo porque no te dejaré partir del todo.

Siempre tendrás lo que te pertenece, porque el corazón en este caso, no es una víscera, si no un ser con vida propia que siente algo en su interior que se niega a desterrar. Por eso no es una pérdida para mí, porque siempre fue tuyo y al fin y al cabo te lo has llevado contigo allí a donde hayas ido con tus miedos, tus incertidumbres y con las muchas o pocas ilusiones que te quedan por vivir.

A menudo, en un primer impulso, nos negamos a recoger y leer la nota, pero al final acabamos haciéndolo y sintiendo la punzada del dolor. En mi caso no hacía falta porque sabía lo que ponía aún antes de que la escribieras, sabía que el estante se quedaría vacío antes aún de que tomaras la decisión, porque te conozco y sé de cada una de tus debilidades y de tus incertidumbres, aunque el dolor sigue siendo el mismo; es posible que te preguntes como es eso posible, pero la contestación es muy fácil ¡Porque yo soy tu! Porque dejé de ser yo cuando llegaste y hasta este día fatídico, pero esperado, así fui, así soy; tu eres algo que siempre llevo conmigo, a todas partes como una segunda piel, como un segundo corazón.

Y esa perpetua compañía hacía y aún hoy  hace, que seamos uno a pesar de ser dos seres totalmente diferentes, que se mueven en lugares diferentes y con costumbres y modos de vivir diferentes. Yo no sé si allí donde tu vas, encontrarás la paz y la tranquilidad que necesitas y yo no sé si aquí donde yo me quedo encontraré algún día un poco de sosiego. Pero en el viejo cuaderno del que te hablé, está escrita la canción que un día me cantaste al oído (hoy necesito que me abraces fuerte.....y que tu silencio traiga mucha calma......que la noche venga lenta.......como nieve........y nos halle enlazadas las espaldas......) y sus notas y sus estrofas me acompañarán vaya donde vaya yo y me llevarán hasta ti.

Y entre los pliegues de cualquiera de las hojas de ese cuaderno, encontraré la nota que me dejaste en este estante y que por supuesto guardaré celosamente; la volveré a leer y al hacerlo, te tendré otra vez cerca de mí por muy lejos que estés. Y por muy grueso que sea el cristal que te proteja de las tempestades de la vida, yo podré atisbar a través de él (procuraré no hacer ruido) para poder saber que en tu mirada pervive un resto de melancolía y con un poco de suerte por mi parte, hasta podré oír un suspiro de añoranza que se desprenda de tus labios.

Ahora sé, al contemplar tu nota, que otros brazos rodean tus brazos, que otros labios acarician tus labios y que otras manos surcan tu piel; pero no me importa porque también se, por tus palabras, que a mi me llevas en un rinconcito de tu corazón y yo procuraré hacer poco ruido, pasar desapercibido, para no ser desalojado de él jamás, porque ahí es donde quiero estar.

Por eso me iré en paz de tu vida ( que no de tu corazón, a no ser que me expulses tu) sin hacer ruido, como aquel día, del comienzo de aquél otoño, que calladamente llegué hasta donde tu estabas y del que nunca me fui del todo. Y entretanto mis labios seguirán musitando a cada instante esa frase, en el bello idioma guaraní, que ya conoces............ Che avei rohaihu

©Jose (Nuberu)

 

 
 

 

 

 

 

 

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