Un viaje de ida y vuelta

Estoy a punto de terminar la aburrida e interminable recta para entrar en una sucesión de retorcidas y oscuras curvas. Mi pie izquierdo se aproxima lentamente al pedal del embrague y con un movimiento armonioso y perfecto, pie y mano se ponen de acuerdo para bajar de velocidad y hacer rugir el motor de mi coche. Observo como la carretera empieza a girar hacia mi derecha y noto el cálido tacto del cuero sobre mis manos, el volante se desliza en el mismo sentido y mis ojos se abren en el momento que los neumáticos gritan desesperadamente antes de perder el contacto con el asfalto. Mi corazón se acelera repentinamente, mientras piso fuerte el acelerador para encarar la siguiente curva a izquierda. La música se cuela por mis oídos con el propósito de envalentonarme un poquito más si cabe. El efecto no se hace esperar, pero en el siguiente volantazo, los neumáticos aún fríos, son incapaces de recuperarse y lo que parecía un curva más, se convierte en una recta hacía los árboles que observan impasibles mi destino.

Lo que en un principio parecía armonía, control y seguridad, se convierte en todo lo contrario, ruido de cristales en lugar de canciones, bruscos movimientos sin dirección en lugar de giros controlados, y la pérdida de visión me hacen pasar los peores segundos que he vivido en toda mi vida. Consigo ponerme en pie y al comprobar mi estado, me doy cuenta que un líquido cálido sale de mis costillas.

Ante tanta oscuridad, decido volver nuevamente a la carretera, me bastan sólo segundos para darme cuenta que mi pierna no responde como otras veces y que esta cojera me impedirá acelerar el paso, pero me pongo a gatas y poco a poco consigo llegar al guardarrail que separa el asfalto de la hierva. Justo cuando consigo ponerme en pie, me doy cuenta que una sombra se acerca hacía mi. Gracias a la luz que desprende la luna, distingo que es una mujer, alta, de pelo largo y muy delgada. Mientras espero sorprendido, un temblor recorrer todo mi cuerpo y cuando todo mi bello se pone de punta, me doy cuenta que cada vez está más cerca y su rostro empieza a despejarse entre la niebla.!Dios! es el rostro que durante años no he podido quitarme de mi mente, aquel que me atormenta cada noche cuando cierro los ojos y que me hace temblar cada vez que apago todas las luces de casa. ¿Mama? No puede ser, si llevas muerta cuatro años, ¿qué está pasando aquí?

De repente todo se vuelve oscuro y un viento insoportable me apuñala repetidas veces mi cuerpo. Noto como la energía se escapa y no puedo evitar caerme al suelo. No siento ninguno de mis miembros, no puedo ver nada y apenas distingo los sonidos que revolotean a mi alrededor. Un agobiante silencio me atormenta durante los minutos que estoy tumbado en la carretera, hasta que por fin una dulce voz me acompaña por una brillante y espectacular luz blanca.

- Escucha hijo, todavía no es tu hora, estas en la línea de no retorno y depende de ti que la cruces o des la vuelta, pero he venido para decirte que lo que hiciste hace cuatro años fue lo correcto, tenias que desconectar la máquina para liberarme y no sé si algún día comprenderás lo agradecida que estoy de eso, ahora tengo que irme.

 

*** Muy buenos días a todos, hoy abrimos nuestro programa de radio con la noticia de un accidente producido anoche en la carretera de Candás. Un coche que circulaba a gran velocidad, se salió de su carril y se incrustó contra los matorrales, afortunadamente no hay victimas y si un herido con múltiples fracturas***

Por fin puedo dormir, por fin puedo cerrar los ojos, por fin puedo apagar las luces....

 

©Rafa Paredes

 

 
 
 

 

 

 

 

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