Por todos es sabido, que hay un mes diferente al resto del año. Donde la alegría, la bondad, la ilusión, el amor... aflora por los poros de niños y mayores. La iluminación, la decoración, la música, inunda las calles de todas las ciudades, y pueblos de casi todo el planeta. En donde la comida y la bebida visten nuestras mesas. Canciones, recordando historias salen de la boca de hombres y mujeres. Pero, hablando de historias, todos conocéis la clásica de los reyes magos, ¿verdad?. Pues muy bien, yo os voy a contar otra versión, que seguro os sorprenderá...

 

 

***   Era una noche  estrellada no muy diferente a otra cualquiera en algún sitio de Egipto. Tres hombres discutían airadamente a lomos de sus camellos cuando, el más anciano de ellos, indicó un punto concreto en el horizonte y dijo en voz alta:

 

- ¡Mirar esa luz! ¿por qué no dejáis de discutir y ponemos rumbo hacía allí? Quizás encontremos comida y refugio para pasar la noche.

 

- ¡Cállate vejestorio! Me tienes hasta los huevos, siempre tenemos que hacer lo que tu digas. 

 

- ¿Ah si? Pues mira por donde, el desierto es muy grande, así que, por mí puedes irte a tomar por culo, que yo pienso ir hacía aquella casa, vosotros hacer lo que os venga en gana.

 

Lógicamente, no dejaron la discusión, pero los tres siguieron el rumbo que les marcaba aquella luz. No podría calcular el tiempo que tardaron en llegar, pero muchas, fueron las huellas que dejaron los camellos en la arena. A medida que se acercaban, las voces y los gestos iban disminuyendo hasta que se situaron frente a la puerta. La golpearon repetidamente , hasta que la paja que recubría el techo, se cayó en la cabeza de los tres. Viendo que  nadie salía a recibirles, decidieron mirar por los alrededores en busca de alguien, y allí, en el pesebre, obtuvieron su respuesta.

 

- Pero... ¿quién cojones sois vosotros? Y ¿qué coño hacéis aquí?

 

-Tranquilo, solo somos tres magos perdidos en el desierto y buscamos donde pasar la noche. Nos vamos a presentar, este niñato se llama Mechón, el cara culo, se llama Raspar y yo, Bansaltar. Por cierto, ¿eso es un bebé?

 

- No, es una piña que acaba de caer del árbol, no te jode. Pues claro que es un bebé, es mi hijo y se llama Fresus, y ¿vosotros  decís que sois magos?

 

-Sí, sí, somos los mejores magos de toda Babilonia, hasta Herodes nos adora, fíjate, traemos tres sacos llenos de joyas que nos regaló él mismo.

 

Poco a poco la noche se adentraba y los cuatro fueron entrando en calor cerca de la chimenea y por el vino que se iban bebiendo de los barriles. De la confusión e incertidumbre inicial, se pasó a la alegría, los abrazos y las canciones, hasta el bebé se sumaba a los coros con sus llantos.

 

-¡Pero qué coño pasa aquí! Bosé, ¿me vas a explicar que es todo este escándalo?

 

- Tranquila Faría, estos capullos son Mechón, Raspar y Bansaltar, dicen que son magos y que nos han traído joyas de Babilonia.

 

- ¡Qué dices colgao! Las joyas son nuestras, las hemos robado, digo... nos las dio el mismísimo Herodes.

 

- No, no Mechón, él tiene razón, lo justo será repartirlas entre todos y así, pagar su hospitalidad y su vino también, claro.

 

Entre tanto vino, y todo el humo que soltaba la chimenea, no se percataron de la presencia de un nuevo extraño, que estaba justamente detrás de ellos con los brazos cruzados.

 

-A ver ¿Alguien me va a prestar atención de una puta vez?

 

-¡Anda! Otro que se quiere unir a la fiesta, vaya la que estamos liando Bosé, como siga llegando gente nos vamos a quedar sin vino.

 

-¡Cállate subnormal! Yo no vengo a ninguna fiesta ni quiero ese puto vino. He venido a traeros un mensaje, Herodes se ha enterado que le han robado las joyas y el oro de su cámara, así que, ha mandado registrar todas las casas y matar a los ladrones.

 

-¡No me jodas! ¿y ahora, qué hacemos?

 

-Pues lo tenéis fácil, me dais parte del botín y yo no digo nada cuando vengan a registrar esta casa, eso si, será mejor que os marchéis cuanto antes de aquí.

 

-¡La madre que lo parió! A este paso nos vamos a quedar con las cuerdas de los sacos.

 

- Raspar, este hijoputa tiene razón, repartiremos el oro y las joyas, y cada uno que se las arregle como pueda.

 

Así fue, como a la salida del sol, todos tomaron un rumbo diferente y cuando llegaron los hombres de Herodes, no encontraron nada ni a nadie. Desde entonces, y para no olvidar que durante unas horas fueron ricos, y que, gracias a su generosidad se pudieron salvar, todos los años celebraron ese día con abundancia de comida, bebida, y regalos para todos. 

 

 

P.D. Espero que con esta simpática historia no haya ofendido a nadie, y si es así, pido disculpas porque no era mi intención.

 

©Rafa Paredes

 

 

 

 
 

 

 

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