Como cada día, al anochecer, le gustaba sentarse a la vera de la chimenea a esperarle. Hacía ya tiempo que no la visitaba, pero estaba segura que esa noche vendría; esa noche... se cumplía un aniversario.

 Mientras esperaba,  con la única iluminación de algunas velas que había colocado estratégicamente en varios puntos de la estancia y la que desprendían las llamas de la chimenea, tomaba un martini y comenzó a rememorar viejos tiempos... aquellos viejos tiempos tan felices.

 Cuando ya casi prácticamente había terminado su bebida y se disponía  a prepararse otra, sintió que alguien la rodeaba con sus brazos por la cintura... Sin mirarle supo que era él. ¡Al fin había llegado! Cerrando sus ojos y acompañando sus palabras con una amplia sonrisa dijo:

 - Hola mi amor, por fin has venido.

 - Hola cariño, hoy no podía dejar de hacerlo, sabía que en este día tan especial me estarías esperando...

 Los rayos de sol que entraban por la ventana la despertaron al día siguiente. Aún sonreía mientras abría los ojos y lanzando con su mano un beso al aire dijo:

 - Hasta pronto mi vida, me has hecho la mujer más feliz del mundo aunque sólo fuera por una horas.

 

Octubre 2007

©Gloria CP

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