Apenas ha pasado una semana y hablar sobre ti se me hace muy duro, difícil e imposible, no me alcanzan las palabras para todo lo que quisiera decir.
Llegaste a nosotros con dos meses de vida y toda tú eras un manojo de puros nervios. Mi gran ilusión siempre había sido tener un perro y llegaste como regalo para mi cumpleaños. Te había visto, junto a una hermana tuya, tras los cristales de la clínica donde después te llevábamos a tus revisiones, operación, etc y me robaste el corazón. A los pocos días estabas en casa.
Tu hermana, Iris, era preciosa, como tú, pero distinta. Ella era de pelaje marrón y blanco y tenía un ojo marrón y otro azul, a la vez que muy tranquila; se la llevaron a Gijón y terminó desapareciendo, sus dueños nunca supieron qué le pasó. También conocí a tu hermano, Black, vivía cerca de aquí, pero no era tan bonito como tú, aunque de pelaje erais parecidos. Tampoco tenía tu carácter, él iba paseando tranquilo con su dueño. Tú eras perro de tiro puro y duro.
Supe que tu nacimiento había sido difícil. Naciste la última y, se supone que debido al cansancio de tu madre, lo hiciste muerta. Fueron los criadores quienes te reanimaron. Tu vida empezaba marcada por esa lucha por vivir y nunca dejaste de hacerlo hasta el final. No te rendías nunca, jamás. Nuestros cuidados, mimos y amor influyeron para tu longeva vida sí, pero sé, con total seguridad, que lo que más influyó fue tu carácter luchador.
A lo largo de tu vida se te acercó la muerte por dos veces, pero ni tú, ni yo, ni los veterinarios íbamos a dejar que ella ganase la batalla y conseguimos ganar. Fueron momentos duros, con tratamientos y cuidados, pero no importaba, teníamos que recuperarte bien y lo conseguimos. También he dormido contigo en el suelo, más de una vez, para no perderte de vista y que no te hurgases en las heridas. No me parece algo excepcional, aunque haya habido gente que me haya dicho que lo es. Yo sentía que debía hacerlo así y lo hice, sin más.
Con la convivencia hemos llegado a conocernos y entendernos totalmente. Para la gente que nunca haya tenido un perro es difícil comprenderlo, pero es algo que no me preocupa. A lo largo de mi vida he sido tildada de rara, lo cual he asumido y aceptado, y tú también lo eras, por eso siempre congeniamos a la perfección.
Podría contar infinidad de cosas sobre ti pero me faltan las palabras, no sé como hacerlo, se me agolpan en la mente y el alma pero no sé escribirlas.
Has sido mi amiga, confidente y compañera del alma en largos días e insufribles noches, siempre a mi lado allí por donde yo me moviera, y te has quedado dormida sobre mis pies muchísimas de esas noches interminables.
Ahora, la compañía me la hacen tus cenizas y sobre todo tu recuerdo que no puedo evitar, ni quiero.
Quería hacerte un recordatorio y dejar constancia que por mucho tiempo que pase siempre formarás parte de mi vida. Da igual que tú ya no estés aquí. Me robaste el corazón desde el día que te vi por primera vez y te has llevado un trocito de él contigo. Estoy muy segura que existe algo fuera de aquí, donde tú te encuentras ahora, jugando, corriendo y esperando volvernos a reunir.
Sólo puedo decir que te quiero muchísimo, que me has dejado un vacío impresionante y que te echo muchísimo de menos Anina.
 

©Gloria Canga
Septiembre 2012

 

 

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