Como cada tarde a la misma hora su abuelo venía a buscarle para ir a dar un paseo. Esa tarde encontró a Mateo cabizbajo y le preguntó qué le ocurría.

—Abuelo ¿soy un mono?

—¿Por qué preguntas eso Mateo? preguntó el abuelo ocultando una sonrisa.

—Es que todos me llaman mico y le pregunté a mamá qué significaba.

El abuelo, con una amplia sonrisa, le explicó que aunque mico sí era una definición de mono, a él se lo decían cariñosamente para llamarle pequeño. Para tranquilizarle comenzó a contarle una historia, una de tantas que día tras día le contaba y que al niño le encantaban:

Hace muchos años, cuando yo tenía tu edad, le hice una pregunta muy parecida a la tuya a mi madre. Mi pregunta fue si yo era redondo, muy extrañada mi madre me preguntó a qué venia esa pregunta. Yo, un poco avergonzado, le dije que la tía Adelaida siempre me llamaba “tío por dos reales”-los dos reales era una moneda que usábamos en aquellos tiempos-, y como los dos reales eran redondos…

Mi madre no pudo contener una carcajada y abrazándome me contestó:

—No cariño, no eres redondo, lo que sucede es que has sido tío muy jovencito y como los dos reales es una moneda con poquito valor te compara a ella, pero sin mala intención.

A mi madre le faltó tiempo para contárselo a la tía Adelaida y después de aquello pasé de ser “tío por dos reales” a ser el “redondo”. A mi ese nombre me hacía más gracia que el otro y cuando me llamaban así acudía con una gran sonrisa.

 

Gloria CP.

Febrero 2008

 

 

 

 

 

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