Tal día como hoy hace un año te fuiste y te llevaste mi vida contigo. No es una frase hecha, desde entonces estoy vacía, de sentimientos, de ilusiones, de todo. Mi corazón se rompió en un millón de pedacitos y las heridas no cicatrizarán jamás.

 Durante este tiempo los recuerdos se han agolpado en mi mente, pero en estas fechas los que con más ahínco se repiten son los que nunca desearía a nadie, los más terribles, devastadores y dolorosos: el momento que me dieron la noticia, el momento de, yo que soy agnóstica, prometerle cosas a Dios a cambio de que no te hubiera sucedido nada.

Hoy ya puedo acordarme de esos momentos, hasta ahora era imposible, ni podía ni quería, el dolor era tan intenso al hacerlo que lo alejaba de mi mente.

 Recuerdo que cuando los dos policías me invitaron a acompañarlos porque te había ocurrido algo, la sensación fue de hundirme y verte a ti, verte como habías salido de casa, sonriendo y recordándome que me llamarías en cuanto volvieras para ir a recogerme y tomarnos un café. Pero quien te recogió a ti y tus cosas fui yo, tú te habías desvanecido y caído mortalmente cuando justo te levantabas para volver a casa.

 Tú, que siempre procurabas contarme “tus hazañas” una vez en casa para que no me preocupara y que siempre me decías “tranquila cuqui, me voy controlando y no me pasará nada” cuando yo te decía a ti “no hagas burradas y menos sólo. Si vienen a buscarme porque te ocurrió algo, me muero”.

 No te estabas controlando porque no había motivo para ello, estabas tomando el sol tranquilamente y no sentiste nada (eso al menos me han repetido hasta la saciedad el forense, tu cardiólogo, otros médicos e infinidad de personas) aunque mis dudas sobre qué pasó por tu mente esos segundos que dicen transcurren hasta que uno muere definitivamente, existirán siempre.

Y algo que me sigue carcomiendo el alma y la entrañas es precisamente que estuvieras sólo, porque tengo la absoluta certeza que si yo hubiera estado allí contigo, hoy tú seguirías aquí conmigo, y esto hace que me sienta tan, tan culpable que no me lo perdonaré  mientras viva.

 Los primeros días, meses, y aún hoy, mi preocupación y necesidad es saber que te encuentras bien, feliz, tranquilo (una persona me ha asegurado que estás muy tranquilo y feliz). Mi mayor dolor es ver que la vida sigue y tú no estás aquí para disfrutarla y que te perderás acontecimientos que irán surgiendo. Quiero creer que donde estás eres muy feliz y allí al menos no sufres dolor alguno. Pero esa incertidumbre es la que me tiene atormentada.

 De lo que sí estoy más que segura es que cuando llegue mi hora tú vendrás a buscarme para llevarme contigo y quizás sea esa la ilusión que me queda, pensar que, como siempre, tú te has ido de avanzadilla a preparar el terreno, a ocuparte de todo para que yo lo encuentre bien y perfecto cuando llegue.

 Mientras tanto mi misión será que nuestro “pitufín” lo vaya superando, lleve una vida lo más normal posible y alcance al menos un poquito de felicidad. Te sentirás orgulloso de mi, prometido.

Hasta siempre mi amor.

Te quiero ahora y siempre.

  

               ©Gloria CP

                22-06-2005

 

 

 

 

 

 

Copyright©2005-2015 GloriaCP.

Todos los derechos reservados. Prohibida cualquier reproducción.

 

hit counter joomla