Estaba ya, además de cansada, un tanto enfadada de escuchar siempre que alguien que no tenía las mismas ideas y actuaba de forma diferente, era alguien raro.

  ¿Quién tiene el poder de definir a otra persona como raro? ¿Por opinar distinto? ¿Por actuar como le viene en gana y encontrarse bien? ¿Por no hacer lo que la mayoría considera “normal”? ¿Quién dicta lo que es normal o no? No hablaba de personas enfermas sino de gente corriente.

  Nunca entendió muy bien qué era lo normal y qué lo anormal. Siempre vivió de acuerdo a sus ideas y convicciones, sin preocuparse de normas, por lo general no escritas, que a los demás tanto les preocupaban. Toda su vida había sido honesta y fiel a sí misma. Siempre respetando a los demás y callando muchas, muchas, muchas veces cuando a ella no se le respetaba, ni su forma de pensar, ni su manera de actuar.

El dicho: “el mundo es un pañuelo” a ella le encantaba y se había topado con situaciones que se lo habían demostrado. Nunca debía hablarse de alguien con alguien, porque ese alguien conocía a otro alguien, que a su vez conocía a otro alguien con quien también lo hablaba, y así hasta que tarde o temprano llegaba a oídos de la persona de la que se había estado hablando, por decirlo de forma suave.

  Este tipo de gente siempre ha sido muy amiga de criticar al resto, fuera quien fuera y cuando fuera. Existe una prepotencia generalizada en todas esas personas que las hace creerse en posesión de la “verdad” y por lo tanto ellos son los normales y los que no cumplan esa “verdad” los raros.

  A esa gente le gusta desmenuzar la vida ajena, criticarla, y hurgar en la herida; si además encuentra apoyo, que generalmente lo encuentra, poner de vuelta y media al “raro” de turno. En el fondo, toda esta gente es incapaz de verse a sí misma, de analizarse, tiene miedo porque sabe que no le gustaría lo que iba a encontrar; simplemente dedica su empeño en fijarse en otros, desviando así la atención, para que nadie hurgue en su vida, actos y pensamientos y así no ser tildada a su vez de “rara”.

  Estaba cansada de oír consejos de gente que ni se paraba, ni le interesaba, oír lo que ella misma decía, de haberlo hecho es más que probable que se diera cuenta que debía autoaplicárselo, o al menos haberlo intentado.

  Este cansancio fue el que determinó su retiro, y seguramente ahora era considerada mucho más rara, pero no le importaba en absoluto, es más, se reía pensándolo. No permitiría que nadie le hiciera cambiar, ya había en su vida y en su persona demasiados cambios, y a quien no respetara su decisión ni su forma de actuar, que haberlos los había, le deseaba lo mejor, pero le pedía que la dejara en paz. Ella se sentía muy “normal” y respiraba una tranquilidad que más de uno desearía para sí. Y esa tranquilidad, quizá acompañada de felicidad, sería total en el momento que se trasladase y acomodase en…

 

©Gloria CP

Febrero 2008

 

     

     

 

 

Copyright©2008 - 2015 GloriaCP.

Todos los derechos reservados. Prohibida cualquier reproducción.

 

hit counter joomla